Recuperar la Armonía Corporal!

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La guía de la espalda
 3 - UN BUEN HÁBITO PARA ESTAR ACOSTADO
 

0 - Introducción
1 - Posturas de prevención ante el dolor, la sobrecarga y el stress
2 - Un buen hábito para estirarse
3 - Un buen hábito para estar acostado
4 - Un buen hábito para levantarse
5 - Buenos hábitos para estar sentado
6 - Buenos hábitos para estar de pie
7 - Hábitos correctos al cargar pesos
8 - Hábitos correctos en las tareas domésticas
9 - Hábitos correctos en el cuidado de los niños
10 - Recuerde que puede ser de su ayuda tener en cuenta lo siguiente



3 - UN BUEN HÁBITO PARA ESTAR ACOSTADO


Si por algún imperativo duerme acostado boca arriba, postura nada recomendable para el descanso, debería colocar una almohada grande debajo de sus rodillas para mantenerlas flexionadas. En caso contrario, la región lumbar tiende a arquearse, lo que provoca contracturas (fig.6). En esta posición necesitará de una almohada baja, colocada en el occipucio, que impida arquear la región cervical. Un grosor exagerado o inexistente en el occipucio favorecerá la contractura muscular.





Dormir boca abajo (decúbito prono) no sólo no es recomendable, sino que es altamente perjudicial porque acentúa los hundimientos (lordosis) lumbar y cervial, dificulta la respiración y obliga a mantener el cuello torcido (fig.7).




Lo ideal es dormir en la postura fetal, de lado, apoyándose en el omóplato, y descansando la cabeza sobre una almohada de cierto grosor que mantenga el cuello en el eje que siguen las restantes vértebras del espinazo, asegurando que las cervicales no caigan ni se eleven, ni efectúen rotación alguna. Nunca debe notar el apoyo de la almohada en el cuello, sino aproximadamente en la zona de la oreja. Las piernas deberían estar dobladas ambas al mismo nivel para evitar desequilibrios de la pelvis (fig.8).



Si no se tiene costumbre de dormir en postura fetal, es recomendable ir tanteando dicha colocación al inicio del descanso, sin forzarla ante la aparición de posibles incomodidades.

A menudo es de gran ayuda colocar algo de cierto grosor (una almohada, una toalla enrollada...) entre las rodillas para incrementar el descanso lumbo-pélvico.


Si le resulta difícil descansar con ambas piernas al mismo nivel de flexión, le recomendamos que coloque un cojín bajo la rodilla de la pierna que está más elevada con la finalidad de equilibrar la pelvis (fig.9).

El colchón debe ser firme y recto, pero lo suficientemente mullido para que se adapte a su topografía corporal. Un colchón excesivamente duro es tan perjudicial como uno blando. Si se tiende boca arriba, "no se deje engañar" si nota toda su espalda recostada: seguro que el hundimiento lumbar está presente. En invierno es preferible un edredón a muchas mantas, pues es más saludable descansar sin soportar pesos adicionales.

Por la mañana, al despertarse, acostumbre a tomarse un leve espacio de tiempo para desperezarse.

En todo caso, si durante el día no padece dolores de espalda pero, en cambio si los siente al despertarse, o le despiertan por la noche, es muy probable que su cama, su colchón y/o su forma de dormir sean incorrectos.



 
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